El TERROR

Siguiendo mi poco exitoso “Plan de Distanciamiento y Relajo” de los eventos de esta semana, me voy hoy domingo a desayunar por ahí yo todo tranquilito…, y a la que muerdo la tostada me encuentro en la prensa con unas declaraciones de la Delegada del Gobierno en Madrid, Sra. Doña Dolores Carrión que dice cosas como: “En una concentración aunque esta sea ilegal, si es pacífica, la policía no interviene” o “La intervención (policial) siempre va relacionada con la violencia recibida“. Estas falsedades me suben la bilirrubina, se me jode el desayuno y me vuelvo a casa, desde donde escribo estas líneas.

Me gustaría compartir con vosotros unas reflexiones sobre estos días.
En este caso no se trata de ninguna crónica o información, sino de opiniones personales.

Ayer por la noche nos reunimos un grupo de amigos, viejos y nuevos,
para estar un rato juntos y hablar y tal. En el grupo (somos 8 ó 9), y bastante heterogéneo, prácticamente todo el mundo tiene relación con el llamado movimiento #15M en mayor o menor medida. De hecho, muchos nos hemos conocido a raíz del #15M.

No voy a detallar nombres ni decir que dijo quién, eso no es importante y además era una reunión privada, no muy distinta de las decenas miles que hubo en los bares de Madrid esa noche. En el bar estábamos un grupo de personas que habíamos asistido o sufrido la violencia policial los días anteriores, periodistas y no, y en distinto grado.
Escogimos para el encuentro conscientemente un lugar un tanto alejado de la Puerta del Sol.

Al comenzar la noche todos nos conjuramos: “amigos, hemos venido a estar juntos y divertirnos, estamos todos de acuerdo en que hoy NO vamos a hablar de lo que nos ha pasado…

Unos 90 segundos como mucho nos duró este propósito (tirando a lo alto). Estuvimos, uno tras otro, relatando lo que nos había pasado. Unos para todos, y otros en bajito a la persona que tenían al lado. Os puedo decir, que es mucho, mucho más impresionante escucharlo de la persona en cuestión, aunque en ocasiones ya hubieras leído en la prensa o en los blogs de los protagonistas exactamente lo mismo que estabas oyendo. Cada uno contamos nuestras penurias que abarcaban todo el rango posible, desde simples empujones (como es mi caso) hasta agresiones físicas, verbales y morales mucho más graves. De vez en cuando se me humedecían los ojos, pero como buen macho español desviaba la atención haciendo un chiste malo, no fuera a ser que se me notara.

Mi primera sensación al escuchar a mis amigos fue recordar el terror. Ese terror que todos habíamos sentido y compartido en esta experiencia. De acuerdo con lo que hemos experimentado, me atrevo a decir que en una situación de este tipo, el sistema de intervención policial, antes y después de las cargas, y antes y después de las detenciones se basa en aterrorizar al ciudadano. Dejarle totalmente indefenso y sometido. Asustado. Solo. Desnudo. Aislado. Sin reacción.

Conforme iba escuchando a todos me entraban escalofríos e iba yo también recordando ese miedo insuperable que uno siente, y que (insisto) entiendo que se potencia y utiliza en la actuación policial.

Otra conclusión que saqué (y vuelvo a repetir: esto son exclusivamente percepciones mías) es que muchas veces es mucho peor la violencia moral que se sufre que la física. Duele mas el miedo e impotencia que se siente ante una detención o identificación o lo que sea, que los palos que se reciben con la porra. Y además, estas experiencias dejan secuelas. Más abajo (foto) os cuento mi pequeño detalle, pero entre mis amigos los hay que llevan unos días sin dormir en su casa, o que se despiertan con pesadillas. También el ver en medios “mainstream” como se tergiversa tu historia o como directamente se omite o falsea duele, y duele mucho.

Afortunadamente cambiamos de local y de tema, y la noche se convirtió en lo que tenía que ser: chistes, conversación, gin-lemons,…

Os cuento otra experiencia personal. Ayer, creo, vi en el telediario unas imágenes grabadas con una cámara doméstica de cómo unos policías o militares sirios maltrataban (les daban patadas) a unos detenidos que estaban esposados en el suelo. Estos detenidos no ofrecían ninguna resistencia, y simplemente lloraban y pedían clemencia a los agresores. Estas imágenes no eran nada del otro mundo. Llevamos años viendo violencia mucho más explicita en televisión constantemente. Bueno, pues anoche soñé con la mirada de ese pobre tipo sirio que le suplicaba al policía que le dejara de pegar o que le liberara… Será un detallito, sí, pero hace una semana yo no soñaba esas cosas, quizás para mi vergüenza.

Pues en ello andamos, consolándonos, recuperándonos, compartiendo. Mirando al futuro con ilusión y esperando que esto cambie de alguna forma. Y trabajando en ello de la forma que cada uno puede. Decía Daniel Nuevo en su valiente post (el joven fotógrafo agredido por la policía que recibió un terrible golpe en la nuca) …decía algo como que con la agresión se sentía bautizado y que ese bautismo es de los que no se quitan, así que él seguirá en lo mismo, informando y saliendo a la calle. Pues nosotros también, que lo sepan.

Aquí os dejo la única foto de este post. Es la puerta de mi casa por dentro. En la foto recreo como me la encontré el #18A al levantarme.

Os cuento. El día 18 después de asistir la noche anterior yo a toda esa violencia y tras dormir unas pocas horas me quiero ir a la calle, y… no veo mis llaves por ningún lado.

Busco durante media hora, pantalones, muebles, mochila,… y finalmente las encuentro. Están puestas en la puerta de la calle por dentro y con dos vueltas dadas. Además, el cerrojo manual de arriba está también echado. Cuando veo eso, me quedo de piedra.

Todo parece muy normal, pero hay dos cosas:
1 – no recuerdo haberlo hecho, y
2 – es la primera vez en mi vida que cierro una puerta por dentro.

Ese es el miedo al que me refiero. Un miedo, un terror que te cala y se te mete dentro. Por eso era tan importante salir a la calle a manifestarse el día 19, acudir a la concentración en contra de la violencia policial. Por eso me alegré tanto de encontrarme a más 2.000 personas en la calle esa noche. Y por eso también, es muy importante que volvamos a salir a la a calle cuando lo creamos conveniente.

Por último, me voy a permitir desde mi pequeña posición de ciudadano de a pie, a pedirle (humildemente) a la Delegada el Gobierno en Madrid, Sra. Doña Dolores Carrión que se busque otro trabajo, que a mi entender para este no sirve. También le agradeceré que se lo busque en el sector privado, que muchos ciudadanos tenemos ya bastante de su vocación de servicio público.

Muchas gracias.

salud!

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